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martes, 10 de mayo de 2011

EUTANASIA, UNA PRACTICA NO SIEMPRE BIEN APLICADA


     Por definición el término eutanasia es toda acción u omisión que acelera la muerte de un paciente con una enfermedad incurable con la finalidad de evitar sufrimientos que no pueden ser impedidos por cualquier método terapéutico.
     En nuestra profesión veterinaria la práctica de la eutanasia es más habitual de lo que imaginamos. Podemos decir que actualmente cada vez hay más resistencia a implementar esta medida. Aún así hay muchos casos en los que se solicita o se plantea una eutanasia sin estar dadas las condiciones o la regla de oro que es el sufrimiento insoslayable del animal. Un ejemplo claro de esta situación es el de animales accidentados que quedan parapléjicos (parálisis y pérdida de funcionalidad de la parte posterior del cuerpo). Recuperados del trauma, los animales sobrellevan su imposibilidad locomotora adaptándose a su nuevo estado; obviamente necesitan de la asistencia de sus compañeros humanos para evitar problemas secundarios, pero su calidad de vida es satisfactoria. La mayoría de las veces el propietario pide la eutanasia porque “el animal sufre en esta condición” o porque “no lo puedo ver así”, y la realidad es que por motivos de comodidad no están dispuestos a hacerse cargo de un animal en estas condiciones.
     Otro motivo de pedido de eutanasia es la vejez avanzada. Aunque sin sufrimiento, un animalito senil muestra signos de decadencia física y su comportamiento se altera: deambula por la casa en horas de descanso, orina y defeca en lugares “no permitidos”, pide comida en forma constante, etc….una vez mas “el padecimiento” es de los humanos, no del animal que simplemente está viejito.
     Ahora, me pregunto…estas personas, actuarían de la misma forma con un familiar que queda discapacitado? Cual es la postura que toman ante los adultos mayores que conforman su familia?
     No va a faltar quien diga que no es comparable la posición de un animal con respecto de una persona, y tal vez tengan razón, el ser humano tiene razonamiento y hasta recursos legales que lo amparan, nuestros animales nos tienen solo a nosotros y su amor incondicional espera de la misma manera que los asistamos ante su decadencia física, así como disfrutamos de su compañía cuando eran cachorros y jóvenes.
     El concepto clave es entonces lo que denominamos tenencia responsable, esto es que si adoptamos una mascota deberemos generar un vínculo sólido, un compromiso de asistencia inexcusable hasta el final, donde solamente el dolor o sufrimiento manifiesto nos hará evaluar la alternativa de la eutanasia.
     He recibido en este blog un mensaje anónimo  en el que expresaba que los cuidados paliativos veterinarios son una forma de “sacarle dinero” al propietario desesperado por el estado de salud de su mascota. Y aclarando este punto es necesario puntualizar que los cuidados paliativos son un recurso de atención que no se condice con propietarios que solicitan eutanasiar a un animal, no por la condición del animal sino por cuestiones ligadas a su incapacidad de cuidado. Los veterinarios que estamos en la tarea de cuidados paliativos intentamos generar un ámbito de contención, un compromiso del dueño de trabajar en función del bienestar de su compañero de cuatro patas, donde la participación del profesional es mínima, limitándose a orientar y contener, interviniendo en momentos extremos pero jamás generando una dependencia ni mucho menos “un cliente cautivo”.
     La eutanasia es el último acto del vínculo con nuestra mascota y ante un sufrimiento manifiesto e irreversible, el dolor de la decisión deberá aceptarse como el último acto de amor para liberarlo de su padecimiento.